Francisco Rivas

Su obra  revela la inmersión del Poli en su época.

En el Instituto Pedagógico en los años sesenta del siglo recién pasado, escribir era inevitable. El talento era secundario, valía sí la vocación y por sobre todo el estímulo de los entonces jóvenes escritores de esa generación, entre los que sin duda destaca Poli Délano.

El Poli con su escritura notable, su vasta imaginación y su capacidad para reproducir en forma temprana y elocuente, y después de manera magistral, las vicisitudes, los amores, las pasiones y las miserias (no pocas de esa época), ha sido un hito en nuestra cultura.

Su obra prima y después toda ella revela la inmersión del Poli en su época, en Chile y durante su exilio, y su compromiso irreductible con los movimientos progresistas y la democracia.

Conocí mucho al Poli y su fortaleza, y tuve la oportunidad de compartir con él en su querida Cartagena poco antes de que se nos fuera. Fue en la casa de ese entrañable y brillante pintor que es Hugo Jorquera, con otros amigos y su mujer.

Recordamos con especial y quizás premonitor interés los años de juventud y de los no tanta, siempre proyectados a los tiempos actuales, donde la incertidumbre y la demolición cultural que asola nuestro país y que por cierto al Poli y a muchos no alcanzó ni alcanzará.

Decía entonces el Poli que después de tantos años del término de la brutal dictadura cívico militar, no podía evitar la desesperanza que le provocaban estos últimos años perdidos. Que no era posible eludir la responsabilidad de quienes han gobernado, por no atacar la enorme desigualdad originada por la dictadura, lo que sin duda afirmaba con premonitoria lucidez, llevará al despertar del pueblo, cualquiera fuese la definición que se le diera a esa palabra.

Que la situación de inequidad e injusticia social, reiteraba, era irremediable sin una clara acción que modificara en forma categórica la heredada e intocada estructura del Estado. Y se refería a la educación, la previsión, la salud y el invulnerable latrocinio de los grandes especuladores de la banca y la empresa.

Las escritoras y escritores no tenemos estímulos, afirmaba, y la literatura, para quien la practica, se ha transformado en una especie de pasión sin destino, un amor no correspondido. Aunque en algunos casos el acto de escribir es solitario y no requiere resonancia, para otros es indispensable el reconocimiento, el retumbo, y esto conlleva un vicio que se ha reproducido y ha ocultado a la verdadera literatura: el lobby y la entrega sin condiciones a los medios de comunicación, la gran cabrona de la cultura nacional.

El Poli enfrentó con la fibra que lo caracterizaba sus últimos meses, sin ignorar que el fin estaba cerca. Se despidió de sus amigos, se rió de la muerte y aunque sin certeza, nos decía que los cambios pronto aparecerían.

Su obra permanece vigente. El Poli debió recibir el Premio Nacional de Literatura que le fue negado por los operadores incesantes,los cuales con poderosa influencia levantaron a quienes se les entregaron ideológica y políticamente. Y por los que han hecho del cabildeo una segunda o más bien primera profesión, y por aquellos obsesionados  por afirmar a las minorías aunque no tengan mérito suficiente para llegar al Olimpo.

Poli ha sido un hito en nuestra cultura

Francisco Rivas

Francisco Rivas
Francisco Rivas