El Taller de Poli

Poli Délano quizás es más conocido por sus más de cincuenta libros, que por su otra gran obra: su inmensa labor como formador de escritores. Comenzó a trabajar en talleres en México, en su casa de Cuernavaca, un condominio de varias casas de ladrillo a la vista con una piscina al medio, un entorno que utilizó en al menos una de sus obras.

La palabra taller no puede estar mejor puesta. Había que escribir bastante, y también leer, y lo hacíamos, nos esforzábamos gracias a su capacidad de motivar, con eso íbamos logrando escribir cada vez con más rigor.

Poli comenzó a realizar talleres literarios en Chile en cuanto regresó de su exilio en México, en el año 1984. A principios de este siglo las reuniones eran en la  Sociedad de Escritores de Chile (SECH), en calle Simpson. En distintas épocas las sesiones fueron en la casa de algunos de los integrantes del taller, y en la casa de Poli en la calle Valencia, en un barrio de Ñuñoa que aparece en varios de sus cuentos y novelas, la casa de sus padres, que tanto le costó dejar cuando se trasladó al departamento de calle Lyon.

Lo primero que escuchábamos, al ingresar al grupo, era «Yo no hago clases de literatura, ni analizaremos a diferentes autores, aquí tú vienes a escribir», y así era. Debíamos enviar nuestros textos con anticipación y llegar al taller contodo leído y analizado en profundidad. Si te tocaba presentar,tenías que escuchar todas las críticas en silencio sin caer en la tentación de responder o intentar defender o explicar tu texto.

El método era exigente: escuchar con humildad y mejorar en base a la crítica. Hubo algunos que no lo lograron y a poco andar se retiraban. Otros permanecíamos por años. La generosidad y sentido del humor del maestro nos ayudó en eso.

Poli sabía aconsejar a cada uno de acuerdo a la madurez y las inclinaciones de su estilo, recomendando las lecturas que podrían abrir posibilidades para lograr aquello que inconscientemente buscábamos. Nunca nos negó un camino: «Si funciona está bien», decía, «ustedes son libres de elegir entre las críticas de otros y las mías». En su taller imperaba el respeto,la crítica al texto y no al autor.

El maestro fue, para varios de nosotros, ese lector ideal del que muchos hablan. Con esa crítica rigurosa de los personajes,los entornos, la lógica de la historia, la forma, la recomendación de «rastrillar y rastrillar», pero a la vez un «está muy bueno esto». Aún lo podemos escuchar, «adelante, sigue». Así nos llenaba de entusiasmo y amor por las letras. Llegamos a querer la literatura casi tanto como lo quisimos a él.

Poli en taller
Poli en taller
Taller de Poli
Algunos talleristas en Casa Michoacán
Grupo Taller de Poli
Grupo Taller de Poli
El taller en la Feria Internacional del Libro de Santiago
El taller en la Feria Internacional del Libro de Santiago
Las talleristas
Las talleristas
Talleristas junto al maestro
Talleristas junto al maestro
Ningún taller convierte en escritor o escritora. Un taller se trata de compartir herramientas y recursos para escribir y contar” Decía Poli. Acá compartimos parte de esos recursos y frases de Poli cuando quien escribe debe someter a otros su arte, y medirse en las múltiples dimensiones que involucra escribir y contar.
  • Que haya: Historia, personajes, setting
  • Elegir el narrador.
  • Elegir el tiempo (pasado, presente).
  • Elegir la estrategia narrativa (argumento vs cronología): el argumento rompe la cronología lineal (Ejemplo: flashbacks).
  • El argumento tiene una situación inicial, un status quo que se rompe en algún momento  “momento detonante”.
  • Mantener un ritmo, ojalá ascendente, hasta llegar a un clímax.
  • Elementos que permitan fijar la época. Ejemplo: echó el sobre con la respuesta en un buzón.
  • Cuando los textos ya están completos. Una pasada es una lectura del texto completo en el Taller con un objetivo de edición particular. Ejemplos de pasadas: Revisión sensorial para incluir colores, sabores, olores que dan vivencia al texto. Búsqueda y eliminación de lugares comunes.
  • Pulida de adjetivos, que consiste en buscar adjetivos y reemplazarlos por una imagen.
  • Descripciones indirectas en lugar de directas.
  • Vigilar las cacofonías y aliteraciones.
  • Vigilar repeticiones de palabras (lenguaje pobre).
  • Vigilar pescado frescos.
  • Vigilar omnisciencia excesiva.
  • Vigilar las pistolas que no disparan.
  • Eliminar frases cliché.
  • Eliminar frases adjetivales.
  • Eliminar escenas, diálogos, descripciones que sobran.
  • Darle movimiento a los diálogos, que no estén “tiesos”: escenificación del diálogo.
  • Precisión. Ejemplo: se bajó de su auto – se bajó de su citroneta.