Luisa Percker

Pero sobre todo, ¡Poli fue una fiesta!

Conocí a Poli primero como escritor. Fui estudiante de Letras. Me interesé, en ese momento, por la literatura chilena contemporánea. Para concluir con esos estudios, tuve que hacer un trabajo de tesis. Fue entonces cuando me encontré con la novela En este lugar sagrado, un clásico ya de la literatura chilena. Novela que ha tenido varias sino muchas reediciones, entre ellas la reedición en Inglés que hizo el académico norteamericano John Hassett y que Poli dedicara a mi. Lo que agradecí mucho. Un honor para mí.

Fue divertido cuando, al finalizar mi trabajo, nos encontramos en la SECH para que él leyera la tesis antes de presentarla al Departamento de Filosofía y Letras. Los términos como: novela de aprendizaje, o novela de desarrollo, o building  roman, le parecieron cosas incomprensibles y no relacionó estos significados con la historia narrada en su novela. Con el tiempo pude explicárselo y lo aceptó. Ese mismo día (el de la SECH ), fuimos  a la presentación del libro de un escritor sudafricano cuyo nombre no retuve, pero sí recuerdo que sus obras las relacionaban con el realismo mágico de García Márquez. Terminado eso, fuimos a cenar al Ají Verde. Y al cabo de unos meses estábamos viviendo juntos en la inolvidable casa de Ñuñoa junto a mis dos hijos Chris y Oliver y, a Lola, su madre. Ese mismo año en octubre nos casamos. El escritor Fernando Jerez y su novia de aquel tiempo, Monik, fueron nuestros testigos. Esto fue divertido, porque Poli era un predicador del no casarse. Vimos Arsénico y encaje antiguo, porque es la misma historia. Él estaba como el protagonista, esperando su turno para casarse, pero haciendo lo posible para que nadie lo reconociera.

Incansable escritor, un gran trabajador. “La literatura es más verdad que todo”, palabras que escuché de él en más de una ocasión. ¿Por qué lees tanto, Poli?, pregunta que alguna vez le hice sin pensarlo mucho, y a la que él responde “Leo mucho para ser una mejor persona”.

Alfredo Joignant dice de Poli “un gran humanista, un buen escritor, un gran intelectual chileno”. Lo señalo justo porque Poli no se consideraba para nada un intelectual, sin embargo lo fue. Así como también, generoso al máximo, su más grande cualidad. Un amigo fantástico, un gran gozador, como también un hombre sencillo, sensible, caritativo, gran anfitrión, gozoso de vivir. Maestro total.

En el año 92 o 93, Poli ganó un concurso de cuentos en Colombia. La historia habla de un payaso trapecista y de una mujer del público que se enamora de él. Eso fue muy lindo y divertido también, porque ese cuento nació una tarde en que Poli y yo llevamos a los chicos a un circo de la Alameda con general Velásquez. A él le gustaban mucho los circos, siempre. A mí y a los chicos, no tanto. Y como parte del espectáculo hubo un payasito con ropas alegres, multicolores que andaba en una pequeña bici sobre una cuerda en el aire. ¡Me encantó!

Le comenté a Poli que me gustaba mucho ese payaso. Y luego ganó ese concurso, cuyo dinero, dicho sea de paso, le sirvió para comprar su primer notebook, altiro, en cash y en dólares, al más puro estilo cowboy.

Y todos sabemos su admiración por Hemingway, Bukowski, Salinger, entre otros muchos norteamericanos, pero sus libros en la mesita de noche y los cuales hojeaba de vez en cuando, y leía y releía párrafos o páginas completas eran los poemas de Jorge Teillier y Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. De Teillier uno de sus poemas favoritos era Cuando todos se vayan. Siempre leía estos poemas con mucha emoción.

Pero sobre todo, ¡Poli fue una fiesta!

Llenó de movimiento y alegría nuestras vidas por mucho tiempo. Le debemos mucho amor. Le debemos el tributo de esta página para que otros muchos, al igual que nosotros, tengan la oportunidad de leerlo y de conocerlo, porque a Poli, sin haberlo visto, se le conoce en sus historias, en sus cuentos, en sus novelas.

Poli

Luisa Percker

Poli Délano y Luisa Percker
Poli Délano y Luisa Percker