Kate Clark

Tributo a Poli

Kate Clark

Conocí a Poli a principios de 1969, más o menos un año después de conocer al que iba a ser el compañero de mi vida, Ricardo Figueroa, quien era gran amigo de Poli.  Así empecé recién a  saber algo de Chile y a conocer de cerca a los chilenos, al llegar a vivir a Chillán solo meses antes de la elección de Salvador Allende en Setiembre del 1970.

Mis primeros días en Chile los pasamos en la casa del Poli en Ñuñoa, donde en esos años él vivía con Maruja Broughton y su hija.  Ricardo me llevó a esa linda casa y Poli y Maruja tuvieron la gentileza de ofrecernos su dormitorio, como un gesto de hospitalidad típico de Poli.

En ese tiempo yo no hablaba castellano.  Hablaba ruso porque veníamos de Moscú, pero eso no me ayudaba con el castellano por supuesto.  Pero Ricardo y Poli hablaban el inglés a la perfección; y Maruja, siendo ella artista de mimo y danza, supo expresarse sin palabras y ayudarme así en esos primeros días en Chile.

Su padre, Luís Enrique, estaba de visita en la casa.  Yo relato esto en mi libro Chile in my Heart – a Memoir of Love and Revolution:  estando yo todavía en el dormitorio, oigo que llaman Gringuita!  Come down here!  Poli, Ricardo y Luís Enrique estaban conversando muy animadamente y riendo mientras preparaban algo para el almuerzo.  Poli se acercó hacia mí, en la mano una concha abierta.  “Gringuita, try this!”  Yo tomé la concha, pero Poli me dijo, “Espera, nos olvidamos de algo”, tomó un medio limón y empezó a estrujarlo sobre la concha en mi mano.  Cuando ví que lo que estaba en la concha empezó a contorsionarse visiblemente, lanzé la concha lejos y grité en inglés: “Aaargh, está vivo….Uds son unos bárbaros!”  Cada vez que Poli recordaba eso, le daba mucha risa….

Siempre en la casa de Poli la conversa era muy interesante, acerca de la gente que se conocían mutuamente, acerca de los tangos y boleros, acerca de México y Cuba, China y la URSS.  Y por supuesto, sobre la situación política y social que estaba viviendo Chile en los años de la Unidad Popular.

Nos juntábamos en la casa de calle Valencia, alrededor de su mesa redonda grande, con comida rica y conversación divertida y alegre, o a veces, discusiones feroces cuando habían diferencias de opinión entre los amigos allí.  Poli sufría de asma y siempre se quejaba de que la mujer de uno de sus amigos le cerraba todas las ventanas.  Pero lo decía más como para bromear, no como crítica.

Allí en esa mesa redonda nos juntamos con el escritor Manuel Miranda y Nora, con Fernando Ortiz y Maria Luisa, con Luis Bocaz y con algunos académicos del Departamento de Inglés del Pedagógico, como Rodolfo Rojo y Belisario (Pito) Henríquez.  Surgían allí buenas anécdotas y “copuchas”, pero siempre con humor sano.  

Con Luis Enrique y Lola Délano estuvimos unas veces en su casa en Cartagena, cuya cocina tenía la forma de la proa  de un barco.  Poli tenía una relación envidiable con sus dos padres y la conversación era como entre iguales y amigos, más que entre padres e hijo.  Lola era una fotógrafa excelente y Poli tenía varias fotos suyas en las paredes de su escritorio.

Fue el tiempo de la UP cuando más nos veíamos con Poli, y él conoció a otro gran amigo nuestro, Eduardo Contreras, quien en ese tiempo era el alcalde de Chillán.  Fue durante su alcaldía que el gran muralista, Julio Escámez, fue comisionado por la Municipalidad de Chillán para pintar un mural allí, el que en su oportunidad fuera inaugurado por el propio Presidente Allende.  Después llegó el golpe, y con él los años del exilio, pero Escámez, Eduardo, Poli y Ricardo  siguieron siendo amigos después del exilio. Lamentablemente, Julio Escámez y Poli ya no están con nosotros, pero su obra y su influencia sí.

La amistad de Ricardo y Poli era de unos 60 años y abarcó nuestras casas en Chillán y Londres, las casas de Poli en calle Valencia, Cartagena y su último departamento de la  Avenida Lyon.  Éramos camaradas que compartíamos las mismas ideas e ideales.

Poli asistió en 2014 al lanzamiento del libro de Ricardo Tarkovski al Trasluz publicado por Ceibo y, típico de Poli, se interesó mucho por el cineasta soviético y sus películas y quería saber más acerca de él.

A Ricardo y a mí el Poli nos dedicó varios de sus libros, entre ellos uno traducido del ruso y el relato ilustrado muy lindo en inglés When I was a Boy Neruda called me Policarpo.  Son un recuerdo más que tenemos de ese hombre muy querido, un hombre de muchas cualidades de buen ser humano: sincero, gentil, muy leal con sus amigos, inteligente, comprometido, buen vividor, atento, generoso y cariñoso.  

Kate Clark, noviembre 2020