Reynaldo Lacámara

Primero brindamos, luego discutimos y reímos.

Primero brindamos, luego discutimos y reímos. Entonces yo venía de la consulta del doctor Buraccio. El dentista, luego de una larga digresión acerca de los romanos y de la forma en que solían unir sus dientes con alambres, lanzó la frase que en ese primer momento no alcancé a comprender. Fue por esa razón que de vuelta a mi departamento llamé a Poli y le comenté –Poli, tengo un problema, no entiendo una frase que acabo de escuchar- al otro lado del celular Poli respondió de inmediato – Ven, te espero.

Poli reía -así que, “la edad no es igual al tiempo”, te dijo el sacamuelas- y volvimos a brindar, un buen whisky nos acompañaba; luego especulamos acerca de todas las diferencias posibles que pudieran existir entre tiempo y edad, las buscamos en este planeta y en los universos paralelos.

También recuerdo cuando nos congregábamos, en estas reuniones a veces programadas, a veces espontáneas, asistían Luis Bocaz, Juan Camilo Lorca, Marcela Sandoval, Ximena Troncoso, Roberto Rivera y con más asiduidad Rolando Rojo y en especial nos citábamos con Víctor Sáez para compartir gratos momentos junto a Poli.

El póker era otra cosa, quincenalmente, en forma muy seria, programábamos las reuniones de este juego y el desarrollo de él era formal, reunidos en torno a la mesa, cartas en mano, observábamos nuestras reacciones, cualquier dato para sospechar de un bluf era válido.

Para lograr un buen resultado en el juego de póker hay que valerse de las cartas asignadas, pero también se juega con las cartas ausentes, se juega mirando el entorno, los rostros y el reparto de todos los participantes.

Creo que al fin, algo comprendo en relación al tiempo y las edades. El tiempo tiene su propio derrotero y su significancia…”cumple su estatura” como dijo Neruda. Existen en él quiebres y profundidades, también a su paso se manifiestan particularidades, emanan verdades soterradas, se atesoran amistades.

Poli; ahora, con la perspectiva transcurrida de este espacio que llamamos tiempo, pienso que supiste administrar todas las cartas, nos mostraste en tu filigrana de letras, juegos y creación, los desafíos de un hombre; dolores, tristezas, alegrías y esperanzas individuales y colectivas, mientras, mantienes en alto la copa y brindas sonrisas para tus amigos.

Y también comprendo que posees en tus manos, en el juego interminable, todos los ases de la baraja.

Primero brindemos…

Reynaldo Lacámara

Reynaldo Lacámara
Reynaldo Lacámara