Rolando Rojo

Sé que lo que me queda de vida, ya no será lo mismo sin el mejor de los amigos.

Como todos los días y a la misma hora, marco el número telefónico de Juan Camilo para hacer la angustiosa pregunta de hace dos semanas. ¿Cómo amaneció el Poli? Esta vez la respuesta se hace esperar. Ingenuamente, pienso que todo anda bien y pronto tendremos al amigo enfermo en casa. Luego, la voz cascada de Juan. “Afírmate –me dice- Poli murió anoche.

Un atontamiento estúpido me deja sin habla y con el teléfono en la mano durante largo rato. Tengo la impresión de estar sumido en una indeseada pesadilla. Poli no pasaba por la etapa terminal de alguna enfermedad. Nada de eso. Tenía lucidez y fuerza para plantear argumentos con que apoyaba sus ideas literarias, políticas y sociales. No hacía mucho, estuvimos charlando sobre los narradores franceses y las posibilidades de un triunfo o derrota electoral de la izquierda. Por eso su muerte nos sorprendió tanto y nos duele tanto.  

Sé que lo que me queda de vida, ya no será lo mismo sin el mejor de los amigos. He dicho y escrito muchas veces, que a Poli Délano lo conocí a través de un cuento suyo que leí en el campo de prisioneros de Chacabuco y que fue ese cuento el que me motivó, ya en una edad avanzada, a escribir mi primer poema y mis primeros relatos. Poli Délano fue un escritor al que se le podía aplicar el adjetivo de grande con toda justicia. Fue un creador infatigable.

Poli fue un amigo culto, entrañable, divertido y leal. Enriquecía las tertulias con anécdotas y chistes. Le gustaba el tango e identificaba a autores, letras y cantantes. Era difícil sorprenderlo en este aspecto. También le gustaba cantarlos.

Sus juicios eran agudos y cultivaba la amistad con la delicadeza de un orfebre.

Creo que Poli estuvo siempre cerca, ayudándome (tal como lo hizo con muchos otros) con su amistad generosa en casi todas mis incursiones literarias. Aunque podía no compartir en el gusto por algunas publicaciones de cuentos y novelas, nunca le escuché una palabra ofensiva o gratuitamente injusta. Era un hombre ponderado. Se notaba en su conducta y en sus actos, la finura de una educación y cultura esmerada.

Su muerte deja un vacío que sólo suplirá el regocijo de leerlo y de volver a disfrutar de su literatura.

La muerte de un amigo

Rolando Rojo Redolés

Poli Délano y Nano Rojo
Poli Délano y Rolando Rojo