Víctor Sáez

Cada cual trataba simplemente de no besar la lona antes de tiempo…

No era un tema que a alguno de los dos le importara demasiado, pero sí lo suficiente como para mezclarlo con hielo. Fue una madrugada después de haber estado en casa de Carolina y Gianfranco. Comenzamos hablando de boxeo (Ali el más grande y el más negro). Luego de política, tango, mujeres y de Laurel y Hardy. Poli estaba seguro de que el único que había entendido, de verdad, al Gordo y al Flaco era Soriano. Yo estuve de acuerdo. El gordo de “Triste, solitario y final” era rosarino y eso marca diferencia (¿o no Lacámara?). No recuerdo bien cuál de los dos comenzó, pero de pronto estábamos hablando sobre dios y la vida después de la muerte (o algo así).

En algún momento sentí que Poli y yo, en otras circunstancias por supuesto, podríamos haber sido los líderes de una secta vitalista, dionisiaca y hedonista. Se lo dije y nuestro gordo se cagó de la risa. A la única conclusión que llegamos fue que si dios existía tendría que darnos algunas buenas explicaciones y que ojalá (quiera dios) en sus aposentos celestiales no faltara el hielo ni el agua mineral sin gas. Quedó claro, además, que nuestros días no eran más que el penúltimo round de una pelea por el campeonato amateur, y que cada cual trataba simplemente de no besar la lona antes de tiempo. Poli, qué duda cabe, ganó en el último round por nockout, como todo buen fajador. 

En estas noches de insomnio, y cuarentena, he vuelto a leer sus novelas, cuentos y los poemas de la Bárbara. Me parece, que uno de estos sábados por la mañana, voy a escuchar la voz de nuestro gordo en el teléfono pidiéndome que pase a comprar agua mineral sin gas, antes de llegar a su departamento. En todo caso, es fácil encontrar a Poli… está siempre un paso más acá de los recuerdos o nostalgia… Pero, aún así se hace largo el penúltimo round, (también la madrugada y la vigencia de los torpes), cuando aquellos que amamos se bajaron en otra estación.

El penúltimo round

Víctor Sáez 

Poli Délano y Víctor Sáez
Poli Délano y Víctor Sáez